Marce dice: "si me lo hacen a mi yo se lo hago a alguién más; se lo cobro a otro y no me importa que ese otro no tenga la culpa".
Marce no piensa que esa mentalidá y esa actitú reproduce, mantiene y promueve un estado de pobreza moral basado en el revanchismo.
Entonces pienso en los retiros católicos en los que participa y en la guía espiritual que le han inculcado los misioneros de los que ella siempre habla. ¿Ésa es la eficacia de una doctrina basada en conceptos precisos de bien y mal?
Lejos quedó el absurdo de poner la otra mejilla al ardor de una bofetada, hoy la máxima es: a cabrón entero, cabrón y medio.
El acto de la revancha tiene sus raíces en un profundo rencor contra algo o contra alguién, y pugna por salir y emerge en situaciones cotidianas, donde ver a un tercero afectado atenúa ese resentimiento y genera cierto placer. Lo que Marce me dice es que ver o ser causante de una pequeña desgracia ajena le da confort pues siente que la vida le está saldando las afrentas que ha recibido sin merecerlo.
El binomio bien/mal que permea la vida de una persona devota es entonces una institución que sirve sólo para legitimar su sentimiento de pertenencia a un algo tan abstracto que se escapa a su comprensión y que resulta sólo un bonito identificador de solapa.
Marce no es una mala persona, por supuesto; es simpática, bromista y no le desea mal a nadie, bueno, sólo a los que a su juicio lo merecen; es una persona más que sin merecerlo ha recibido malos tratos de gente que no conoce.
Marce es una de los millones que a diario cobran oprobios inmerecidos a personas inocentes... y en esa cadena interminable nuestro mundo sigue curso, con todas las sonrisas y las mentadas de madre que hacen de nuestro existir un delicioso caldo de ignorancia.
Bendita ignorancia.
sábado, 28 de junio de 2008
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