viernes, 7 de noviembre de 2008
el otro
Ahora te descubres ciego. Todos estos años para descubrirte sordo también... No escuchas aquello que sus silencios te dicen, no entiendes lo que sus palabras te gritan. Nada te dicen sus gestos de complacencia y rencor. No son efectivas sus muecas de amor. Y con todo, quieres regalarle una verdad, que sepa lo que él mismo oculta en sus manías: no te necesita.
promesa
Era una humanidad que sin demora ni premura se iba entregando; lluvia sin torrente que lava eso que el sol en exceso dejó en su mundo. Fue sonrisa que entornó boca y ojos y regaló 2 o 3 esperanzas, las suficientes para construir un futuro y no sentir ganas del no rotundo. Y ese futuro no duraría más que una noche y un alba. No habló locuras ni incoherencias, era puras ganas de estar bien y saber estar mejor. Y la risa volvía, una y otra vez, risa cristalina y rítmica plena de simpleza. Qué placer en la compañía, nadie arrebató la palabra porque los momentos compartidos se conviertieron en una eternidad de un día, donde uno se regalaba y el otro se daba. Era la noche de la paz y el ardor y sabían que el futuro era una promesa cumplida porque la noche terminaba.
Y la noche se derramó en espasmos y con la luz vino el regreso al otro mundo, el de la amarga entrega a todos los demás... y levantó sus ganas y sus estremecimientos y no volvió el rostro, no dijo adios, se alejó y cuando estuvo del todo lejos, murmuró un gracias y un hasta la próxima.
Y la noche se derramó en espasmos y con la luz vino el regreso al otro mundo, el de la amarga entrega a todos los demás... y levantó sus ganas y sus estremecimientos y no volvió el rostro, no dijo adios, se alejó y cuando estuvo del todo lejos, murmuró un gracias y un hasta la próxima.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)