pero de que te sirve llevar mi saliva anidada en tu cuerpo, si aún te preguntas si fuiste un mal momento y realmente no lo sabes...
la sinceridad es un terreno yermo donde sólo las mentiras encuentran surco.
te alejas otra vez, y dejas mi espacio limpio y vacío, como me gusta...
porque lo inícua que fuiste no importa, pues hoy no eres un recuerdo inocuo, más bien una referencia.
ya no sé quién eres, sólo sé que por mucho que llores y reclames, mirar tus ojos agradecidos después de coger me limpia de las culpas que echas en mí.
solías ser quien me llenaba de palabras de un amor más abstracto que un poema mal hecho. acostumbrabas regalarme reproches que pienso no merecía. pero siempre estabas ahí cuando el amor y el deseo y la soledad te urgían como una vagina ardiente, que ahorcaba y regalaba pedacitos de muerte.
¿es real el rencor que sazona tus palabras? porque cada que vuelves no hay rencor que detenga tus manos, tus labios y tu sexo. y esa violenta furia que contiene tu cuerpo pequeño pequeñito me ha regalado los mejores halagos en esta vida. me ha dado horas de jugoso placer y me ha dado armas para no ser don nadie.
con todo, quieres mi saliva prendida en tu púbis y en tus senos. no sé que imagines. no sé qué haces con esos recuerdos dulces y amargos. sólo te veo ir y venir presa de tí misma, amorosa rencorosa. y te puedo dar mi saliva y mis manos y mi cadera rítmica... también la charla locuaz al calor de un alcoholito delicioso.
y han pasado años desde que quisiste regalarme tu dolor. y sé que hemos cambiado. y también sé que en el futuro, en mi futuro, tú no estás. y tú lo sabes... siempre lo supiste... pero mientras sigas regresando, ten por seguro que siempre te daré mi saliva para que anide en tu cuerpo pequeño pequeñito.
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la sinceridad es un terreno yermo donde sólo las mentiras encuentran surco.
te alejas otra vez, y dejas mi espacio limpio y vacío, como me gusta...
porque lo inícua que fuiste no importa, pues hoy no eres un recuerdo inocuo, más bien una referencia.
ya no sé quién eres, sólo sé que por mucho que llores y reclames, mirar tus ojos agradecidos después de coger me limpia de las culpas que echas en mí.
solías ser quien me llenaba de palabras de un amor más abstracto que un poema mal hecho. acostumbrabas regalarme reproches que pienso no merecía. pero siempre estabas ahí cuando el amor y el deseo y la soledad te urgían como una vagina ardiente, que ahorcaba y regalaba pedacitos de muerte.
¿es real el rencor que sazona tus palabras? porque cada que vuelves no hay rencor que detenga tus manos, tus labios y tu sexo. y esa violenta furia que contiene tu cuerpo pequeño pequeñito me ha regalado los mejores halagos en esta vida. me ha dado horas de jugoso placer y me ha dado armas para no ser don nadie.
con todo, quieres mi saliva prendida en tu púbis y en tus senos. no sé que imagines. no sé qué haces con esos recuerdos dulces y amargos. sólo te veo ir y venir presa de tí misma, amorosa rencorosa. y te puedo dar mi saliva y mis manos y mi cadera rítmica... también la charla locuaz al calor de un alcoholito delicioso.
y han pasado años desde que quisiste regalarme tu dolor. y sé que hemos cambiado. y también sé que en el futuro, en mi futuro, tú no estás. y tú lo sabes... siempre lo supiste... pero mientras sigas regresando, ten por seguro que siempre te daré mi saliva para que anide en tu cuerpo pequeño pequeñito.
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