Adivino.
No.
Presiento y lo dejo ir.
Recibo vaticinios de quien cree saber lo que pienso.
Lo siento.
Lo dejo ir.
Largas son las horas en espera del regreso,
cuento días plenos de certezas débiles por inventadas.
Navego océanos de emoción.
Sigo líneas que nunca serán curvas.
Muchas son las voces que gritan sus verdades;
y sólo llegan a ser pequeñas realidades.
Puedo esgrimir un por qué
y sé que no me servirá contra la dureza de la realidad.
Debe haber algo más
que ésta sarta de palabras que
hoy es la letanía que hace eco en mis noches.
Y si más no hay…
quiera el destino queentonces no haya más.
Qué si adivino,
qué si lo dejo ir?
De nada me sirven los vaticinios.
Lo siento…
lo dejaré ir.
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